Empecé estudiando Filosofía.
Sí, Filosofía, cuatro de carrera y tres de doctorado. Siete años aprendiendo a pensar con precisión, a cuestionar las certezas, a analizar el mundo desde ángulos que la mayoría ignora. Una formación muy amplia, estimulante, profunda.
Y completamente inútil para encontrar trabajo.
El mercado laboral de principios de los 2000 no estaba exactamente buscando expertos Kant. Así que mientras estudiaba el máster en Recursos Humanos que acabaría dándome salidas reales, fui haciendo lo que pude: encuestador, teleoperador, camarero, vendedor de paquetes vacacionales, traductor…
Pero lo mejor estaba por venir.
En 2008 llegó la crisis y me despidieron de la que había sido mi primera experiencia en Recursos Humanos. Y yo, con toda la confianza del mundo, salí al mercado a buscar empleo. No sabía todo lo que me esperaba. Tuve que mandar más de dos mil CVs antes de conseguir una entrevista que llegara a algo. Dos mil. Los conté.
A partir de ahí dirigí un departamento de Recursos Humanos. He trabajado más de quince años como headhunter. He estado al otro lado de la mesa tomando decisiones de contratación, he leído miles de CVs, y he visto en directo qué hace que alguien destaque en treinta segundos o desaparezca en el montón.
En 2012 añadí el coaching a la mezcla, estudié coaching ejecutivo y coaching de equipos, y eso dio sentido a todo lo que había hecho anteriormente, era la conexión perfecta entre la filosofía y los recursos humanos.
Me gusta ordenar el caos con el que nos enfrentamos día a día, me gusta entender a las personas y convertir el conocimiento en una guía útil para los demás.